"El edificio más alto que jamás haya sido expuesto a una enorme fuerza sísmica", reza una modesta placa de 1957 en el vestíbulo de la Torre Latinoamericana, el rascacielos que inauguró la modernidad en México y que se ha convertido en un símbolo de resistencia ante los terremotos más letales.
Cuando el 19 de septiembre de 2017 un poderoso terremoto de magnitud 7,1 azotó con fuerza Ciudad de México, el ingeniero Víctor Hugo Ariceaga, encargado del mantenimiento de este icónico rascacielos, no entró en pánico. Sabía que se encontraba en uno de los lugares más seguros de la capital.
Durante sus 62 años de historia, la Latino -como la conocen popularmente los capitalinos- ha resistido a los poderosos terremotos de 1957, de 1985 y de 2017.
Dichos temblores, que dejaron centenares e incluso miles de muertos, solo provocaron algún cristal roto en este edificio de 181 metros de altura que en su momento fue el rascacielos más alto del mundo fuera de Estados Unidos.
