De todas las reacciones que recibí tras mi entrevista con el presidente autoritario de Nicaragua, Daniel Ortega, la más preocupante fue la que vino de un hombre que lo conoce mejor que muchos: el expresidente costarricense Óscar Arias, quien ganó el Premio Nobel de la Paz por ayudar a poner fin a las guerras de Centroamérica y forzar a Ortega a celebrar elecciones en 1990.
Arias me dijo que estaba asombrado por lo que dijo Ortega en la entrevista sobre la violenta represión gubernamental que ha dejado entre 295 y 440 muertos en los últimos tres meses. Y el expresidente costarricense agregó que le llamó aún más la atención, la negativa de Ortega de aceptar las exigencias de la oposición que se adelanten a 2019 las elecciones programadas para 2021
Todo esto ha llevado a Arias a sospechar que Ortega podría estar pensando en seguir en el poder indefinidamente.
"Yo creo que por su mente acaricia la idea de ganar tiempo no para hacer elecciones en 2021, sino para quedarse en el poder, como (Nicolás) Maduro o los hermanos Castro", me dijo Arias.
Tras leer mi columna sobre la entrevista en El Nuevo Herald y verla completa en CNN en Español, Arias concluyó que hay una gran diferencia entre lo que sucedió cuando Ortega aceptó ir a elecciones a fines de la década de 1980, y hoy.
A fines de la década de 1980, Ortega estaba bajo una fuerte presión internacional para permitir elecciones libres, y pensaba que podría ganarlas, me dijo Arias.
"Hoy, en cambio, él está seguro de que no puede ganar elecciones. Él querrá poner a su mujer, o tener un "Orteguismo sin Ortega", pero después de lo que ha pasado en estos 100 días, evidentemente no gana elecciones, y él lo sabe", agregó Arias.
En mi entrevista de una hora con Ortega, que tuvo lugar el 28 de julio en su residencia en Managua, el hombre fuerte nicaragüense rechazó los informes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos de que la gran mayoría de los muertos en las protestas de Nicaragua fueron asesinados por paramilitares respaldados por la policía.
Cuando confronté a Ortega con una foto de una camioneta con paramilitares encapuchados, armados con fusiles AK47 y llevando banderas del partido político de Ortega, el FSLN –una de las varias fotos similares que llevaba– el presidente de Nicaragua afirmó que probablemente era una foto trucada. Más tarde, alegó que también podrían ser de "terroristas" opositores que se hacían pasar por paramilitares progubernamentales.
