Los 34 obispos que encabezan la jerarquía eclesial chilena iniciaron ayer una reunión extraordinaria de cinco días, en la que buscarán una solución a la grave crisis que vive la Iglesia del país, tras las denuncias de casos de abusos sexuales cometidos por miembros del clero.
En una pequeña localidad costera cercana a Santiago, el obispo de Chillán, Carlos Pellegrin, uno de los pocos que habló a la prensa, señaló sentir "un dolor en el alma", agregó que "en la cita se analizará la situación de la Iglesia" y ver de qué manera los obispos pueden dar mayores pasos para fortalecerla.
"Las jornadas -que se prolongarán hasta el viernes próximo- permitirán que reflexionemos sobre nuestra realidad, asumiendo lo que tenemos que asumir y pidiendo sobre todo al Señor la gracia para superar estos momentos", añadió Pellegrin.
Más tarde, en una breve rueda de prensa antes de arrancar con la cita, el obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santiago Fernando Ramos señaló que "con la Fiscalía queremos hacer un convenio para transmitir la información adecuada".
"Creo que lo más importante como sociedad es que tenemos que proteger a los menores de edad y perseguir a aquellos que efectivamente cometan delitos contra ellos", aseveró.
Ramos aseguró que la Iglesia "está abierta a lo que decida el Estado de Chile" y que van a buscar los medios para que "se respete le legislación eclesial, la confidencialidad de las personas que quieren denunciar y también el derecho de los menores de edad para tener una vida sana, segura sin personas que abusen de ellos".
"Queremos ver las raíces de cómo podemos responder, de cómo podemos favorecer el diálogo a la contribución que hace la Fiscalía de acuerdo a nuestra normativas y a las posibilidades objetivas para entregar este tipo de información y respetando siempre la confidencialidad de aquellas personas que así quieren que sea", sostuvo el obispo.
