La huelga camionera que comenzó hace una semana en Brasil empezó a perder fuerza ayer, pero la aguda crisis de desabastecimiento causada por la protesta se mantiene y paraliza al país, que aún desconoce el impacto económico de esta turbulencia.
El Gobierno, que la semana pasada había anunciado un acuerdo con los camioneros que finalmente no se concretó, volvió a informar el domingo 27 de un convenio con los sindicatos para poner fin a la crisis generada por la falta de entrega de todo tipo de productos.
El nuevo acuerdo fue explicado ayer por el ministro de Hacienda, Eduardo Guardia, quien detalló que la propuesta incluye una caída del precio del diesel de 0,46 reales (unos 0,13 dólares) por los próximos 60 días, lo que mejora la oferta anterior, que había sido rechazada por los sindicatos.
También se propone la eliminación de uno de los impuestos que inciden sobre el combustible y otros beneficios en relación a los peajes que pagan los camiones, lo cual ha sido en principio aceptado por los huelguistas.
Los sindicatos, que hace ocho días con ayer iniciaron la protesta por las continuas y fuertes alzas del diesel aplicadas por la estatal Petrobras en medio de las turbulencias del mercado internacional de crudo, se dieron por satisfechos e instaron a sus afiliados a retomar el trabajo.
El ministro de la Presidencia de Brasil, Eliseu Padilha, dijo que el paro camionero comenzó a ceder, a pesar de que aún se mantenían "557 concentraciones" de camioneros en las carreteras del país, un número significativo pero "esperanzador" frente los 1.200 bloqueos que llegó a haber la semana pasada.
"El Gobierno ya cumplió con su parte. Ahora, tienen que cumplir ellos", indicó Padilha en alusión al acuerdo anunciado este domingo, que en su opinión permitió que "comience a haber una retomada del movimiento de camiones" en las carreteras, aunque aún era "lento". Según el ministro, esa retomada de la actividad se acelerará para ir entonces a una real normalización del abastecimiento.
