La Policía rusa actuó ayer con contundencia al detener en una veintena de ciudades a más de 1.200 opositores que acudieron a una protesta con el lema "No es nuestro zar", a dos días de la investidura del presidente de Rusia, Vladímir Putin.
La mitad de los detenciones se registraron en Moscú, donde los opositores al Kremlin, la mayoría jóvenes, se encontraron en el lugar donde fueron convocados con grupos que apoyan a Putin, entre ellos hombres vestidos de cosacos y miembros de las juventudes del partido oficialista Rusia Unida.
Medios opositores que retransmitieron en directo la protesta denunciaron que los cosacos golpearon a algunos manifestantes, mientras que vídeos y fotografías difundidos en internet demuestran que la Policía empleó la fuerza en algunas detenciones.
Un agente advirtió por megafonía a los ciudadanos que se dispersaran, y amenazó con el "empleo de la fuerza física y medios especiales".
Lejos de dejarse intimidar y pese a los esfuerzos de la Policía para cortar el paso a los manifestantes, cientos de ellos bloquearon el tráfico en algunas de las calles cercanas a la plaza Púshkinskaya.
Al grito de "Vergüenza", rodearon varios coches de la Policía en la calle Málaya Dmítrovka, en el corazón de la capital rusa.
El jefe del Consejo de Derechos Humanos adjunto al Kremlin, Mijail Fedótov, argumentó que la policía actuó en Moscú "para impedir que partidarios de distintas posiciones" políticas "diriman sus diferencias a puñetazos".
