SEÚL. Corea del Sur ultimaba ayer con optimismo los ensayos y preparativos de cara a la histórica cumbre que celebrará el viernes 27 con Corea del Norte, en la que se servirán platos cargados de simbolismo de los dos países separados por la guerra.
A días de la cita entre el presidente surcoreano, Moon Jae-in, y el líder norcoreano, Kim Jong-un, funcionarios de Seúl ensayaron en la militarizada frontera donde tendrá lugar la cumbre, marcada por la desnuclearización de Pionyang.
