Emmanuel Macron asumió ayer la presidencia de Francia con la voluntad de relanzar la construcción de una Europa fuerte que ofrezca protección ante los riesgos de la globalización, y que presentó como el eje de su política para garantizar que Francia seguirá siendo una de las grandes potencias mundiales.
Macron, que se prestó con gusto a todo el ceremonial del traspaso de poderes con el presidente saliente, François Hollande, hizo de la Unión Europea en su discurso inaugural una de las claves de su mandato, como ya lo fue durante el pulso que mantuvo en la campaña electoral con la líder ultraderechista, Marine Le Pen.
Prometió que Europa "se refundará y se relanzará" porque "nos protege y nos permite proyectar en el mundo nuestros valores".
Tendrá una primera ocasión para demostrarlo en el que va a ser su viaje inaugural al extranjero hoy 15 por la tarde para entrevistarse en Berlín con la canciller alemana, Angela Merkel.
La buena marcha del motor franco-alemán será una condición de partida para su idea de conseguir "una Europa más eficaz, más democrática, más política", que constituye "un instrumento de la potencia y de la soberanía" de Francia.
Macron, que también tiene previsto cenar el miércoles 17 con el presidente del consejo italiano, Paolo Gentiloni, insistió en que "el mundo y Europa necesitan más que nunca a Francia, una Francia fuerte que lleve alta la voz de la libertad y de la solidaridad, de una Francia que sepa inventar el futuro".
