El presidente de EE.UU., Donald Trump, defendió ayer que su deber es "proteger" a los estadounidenses y que hacen falta "programas fuertes" para controlar quién entra al país, mientras sigue suspendido su veto contra los refugiados de todo el mundo y ciudadanos de siete países de mayoría musulmana.
La Corte de Apelaciones del Noveno Distrito, con sede en San Francisco (California), es la que debe decidir si restaura o no ese veto, suspendido temporalmente por orden de un juez federal desde el viernes 3 por la noche, y ha dado plazo al Gobierno de Trump para presentar sus argumentos.
"Como su presidente, no tengo otro deber superior que proteger al pueblo estadounidense", enfatizó Trump en un discurso en la base aérea McDill, en Tampa (Florida), ante jefes de los mandos Central (Centcom) y de Operaciones Especiales (Soscom), a cargo de la lucha contra el terrorismo.
Además, Trump afirmó que son necesarios "programas fuertes", en aparente alusión a su veto migratorio, para que entren a EE.UU. solo aquellos que "quieran amar" al país y se queden fuera los que buscan "destruirlo". El veto migratorio ordenado por Trump el 27 de enero impide temporalmente la entrada a EE.UU. de los refugiados de todo el mundo y de los ciudadanos de Libia, Sudán, Somalia, Siria, Irak, Irán y Yemen.
