El presidente de EE.UU., Donald Trump, defendió ayer su polémico veto temporal a la entrada de refugiados y ciudadanos de siete países de mayoría musulmana, pese a la ola de protestas que ha provocado dentro y fuera del país norteamericano.
Nueva York, Boston, Washington, Los Ángeles y otras grandes ciudades de EE.UU. volvieron ayer a ser escenario de importantes protestas contra la polémica orden sobre inmigración del presidente Donald Trump.
En la mayoría de esos casos, las manifestaciones estuvieron respaldadas por las autoridades locales, que se oponen frontalmente al veto temporal a la entrada de refugiados y de ciudadanos de varios países de mayoría musulmana decretado por la Casa Blanca.
El decreto ley suspende el ingreso en EE.UU. de todos los refugiados durante 120 días, así como la concesión durante 90 días de visados a siete países de mayoría musulmana con historial terrorista -Libia, Sudán, Somalia, Siria, Irak, Yemen e Irán- hasta que se establezcan nuevos mecanismos de vigilancia más estrictos.
La medida desató la ira de manifestantes que se congregaron el sábado 28 en decenas de aeropuertos de todo el país, con pancartas en las que se leían consignas "Refugiados, bienvenidos" o "Yo amo a mis vecinos musulmanes".
Las protestas continuaron ayer en importantes ciudades del país, como la capital, Washington, donde varios miles de personas expresaron su repulsa ante la Casa Blanca.
Una jueza federal bloqueó a última hora del sábado 28 parte del polémico veto, en respuesta a una demanda de la ACLU contra la orden ejecutiva de Trump, que cuestiona su constitucionalidad. La jueza Ann M. Donnelly, del Tribunal del Distrito Federal de Brooklyn (Nueva York), dictó que los refugiados u otras personas afectadas por la medida, y que llegaron a aeropuertos de EE.UU. tras emitirse el decreto, no pueden ser deportados a sus países.
