Las sanciones estadounidenses a Rusia por sus supuestas interferencias en las elecciones de noviembre han vuelto a poner en evidencia la profunda división entre la actual Administración de Barack Obama y la entrante, a partir del 20 de enero, de Donald Trump.
"Es hora de que nuestro país avance hacia cosas más grandes y mejores", fue la reacción de Trump a la decisión de Obama de el jueves 29 de expulsar del país a 35 diplomáticos rusos e imponer sanciones económicas contra organismos de espionaje, individuos y empresas de seguridad informática de ese país.
El Gobierno de Obama llevaba meses insistiendo en que Rusia hizo lo posible durante la campaña electoral estadounidense por inclinar la balanza a favor del republicano Trump a través de los ataques informáticos de que fueron objeto el Partido Demócrata y el equipo de la candidata Hillary Clinton.
Los servicios de inteligencia estadounidenses han dicho que el propio presidente de Rusia, Vladímir Putin, estuvo directamente involucrado en la estrategia de esos ciberataques, que permitieron el robo y filtración de 20.000 correos electrónicos del Comité Nacional Demócrata (DNC) y otros muchos mensajes de la campaña de Clinton.
