La directiva del Senado brasileño se rebeló ayer ante una cautelar dictada por un juez del Supremo que suspende de su cargo al presidente de ese órgano, Renán Calheiros, por su condición de reo en una causa penal por supuesta corrupción.
Este embrollo jurídico llevó al Senado a ratificar a Calheiros en su cargo y a suspender las sesiones previstas para ayer, así como añadió más incertidumbre a la delicada situación política de Brasil y causó "preocupación" en el Gobierno de Michel Temer.
Para complicar más las cosas, si Calheiros se ve obligado a dejar ese cargo, su sustituto será el actual vicepresidente del Senado, Jorge Viana, del Partido de los Trabajadores (PT), al que pertenece la expresidenta Dilma Rousseff, destituida en agosto pasado y que califica a Temer y al PMDB de "golpistas".
La primera reacción del Senado fue apelar contra esa cautelar ante el propio Supremo, por lo que consideró como una "intromisión" del Poder Judicial en asuntos del Legislativo.
En su segunda respuesta, la Mesa Directiva del Senado fue más allá, se negó a cumplir con la medida cautelar y, en abierta rebeldía, afirmó que Calheiros seguirá en su puesto hasta que el pleno del Supremo se pronuncie sobre el caso.
La decisión adoptada por la Mesa Directiva, integrada por ocho senadores, casi todos del arco oficialista, fue rechazada por los partidos de oposición representados en el Senado.
"Se ha creado una confusión enorme, porque ahora ni siquiera se sabe quién es el presidente de la cámara", dijo Linderberg Farías, jefe del grupo del PT en el Senado.
El senador Romero Jucá, del PMDB y jefe del grupo oficialista, consideró que Calheiros sigue en el cargo hasta que el Tribunal Supremo revise la cautelar e instó a los parlamentarios a esperar "con calma" y "confiados" en la justicia.
