Tailandia vio ayer con rezos, ceremonias y vestida de negro la primera jornada de luto por la muerte del rey Bhumibol, cuyo hijo y heredero, Vajiralongkorn, ha abierto un paréntesis de duelo antes de acceder al trono.
El féretro del fallecido monarca partió en procesión del hospital Siriraj de Bangkok, donde el soberano falleció el jueves 13 a los 88 años, para ser trasladado hasta el palacio real, y dar comienzo a los ritos funerarios.
Los restos de Bhumibol, también conocido como Rama IX, fueron transportados en una furgoneta tras ser colocados por un séquito de médicos y enfermeras, con el abad del templo real de Bowonnniwet al frente, que los bajaron desde la planta 16 del centro donde falleció. El príncipe heredero, Vajiralongkorn, encabezó la comitiva seguida por cientos de miles de tailandeses, que desde anoche habían tomado posiciones a lo largo del recorrido.
Los tailandeses aguantaron ayer viernes el tórrido sol que golpeó a la capital y que obligó a las asistencias médicas a trabajar a destajo para atender los numerosos desvanecimientos entre las personas congregadas para despedirse del rey.
"He venido en lugar de quedarme en casa porque quiero vivir este momento. Quiero despedirme (del rey) en persona", declaró a EFE el tailandés Suwit Nauamsiri, de 30 años, en las cercanías del hospital y al que acudió la víspera para rezar por el alma del monarca.
