El cerebro de Simón Peres, la parte más elogiada y activa de su cuerpo, ha sido finalmente su talón de Aquiles. El que fuera presidente, jefe de Gobierno, titular de todos los ministerios posibles y líder laborista de Israel ha fallecido ayer a los 93 años tras padecer un masivo derrame cerebral hace dos semanas. El Premio Nobel de la Paz (1994) -junto a Isaac Rabin y el líder palestino, Yasir Arafat por los Acuerdos de Oslo- fue diputado durante más de 40 años, así como miembro de 12 gobiernos (dos de ellos como primer ministro). Resumir la vida de Peres es recorrer la historia del país que ayudó a construir desde sus inicios. El joven pastor de ovejas que soñaba ser poeta será enterrado como uno de los estadistas más importantes de Israel. Su mejor embajador en el mundo. "El deterioro de su situación ha sido dramático y esta vez parece que no habrá milagro", informaba anoche uno de los numerosos periodistas locales enviados al Hospital Tel Hashomer, cerca de Tel Aviv, haciendo alusión a la longevidad y férrea salud del considerado último líder "histórico" israelí.
