La expresidenta de Brasil Dilma Rousseff denunció ayer que su destitución constituye la consumación de un "golpe de Estado" en el país y convocó a una "enérgica, determinada y firme oposición a los golpistas".
Arropada por decenas de simpatizantes, exmiembros de su Gobierno y legisladores próximos al Partido de los Trabajadores (PT), Rousseff declaró ante la prensa en el palacio de la Alvorada, la residencia presidencial que todavía ocupa, minutos después de que el Senado aprobara su destitución por una amplia mayoría: 61 votos a favor y 20 en contra.
"Es el segundo golpe de Estado que enfrento en la vida. Primero fue el militar (1964), que me afectó cuando era una joven militante; el segundo fue el parlamentario, que me derriba del cargo para el que fui elegida", afirmó Rousseff, que fue separada temporalmente del poder en mayo y sustituida por su antiguo vicepresidente y desde hoy presidente de Brasil, Michel Temer.
"Hoy el Senado tomó una decisión que entra a la historia de las grandes injusticias: escogieron rasgar la Constitución; decidieron interrumpir el mandato de una presidente que no cometió ningún crimen; condenaron a una inocente y consumaron un golpe parlamentario", denunció en un enérgico discurso.
Rousseff, que volvió a vestir con el rojo que caracteriza al Partido de los Trabajadores y evocó especialmente a su antecesor y padrino político, Luiz Inácio Lula da Silva, -que la acompañó el lunes en su última comparecencia ante el Senado y ayer también en la Alvorada, aunque apartado de los objetivos de los fotógrafos- afirmó que el "golpe" fue consumado por políticos acusados de corrupción "que buscan huir de la justicia tras haber sido derrotados en las últimas cuatro elecciones presidenciales".
TEMER
Michel Temer, un abogado de 75 años que acompañó a Dilma Rousseff como vicepresidente, se convirtió ayer en el mandatario de Brasil tras la destitución de su antigua jefa, sometida a un juicio político que acabó por desalojarla del poder.
En el mismo hemiciclo del Senado en el que Rousseff había sido destituida unas horas antes por 61 votos frente a solo 20, Temer prestó juramento y asumió de pleno derecho el cargo que ya ocupada desde el 12 de mayo, aunque hasta ayer en forma interina.
"Prometo mantener, defender y cumplir la Constitución de la República, observar sus leyes, promover el bien general del pueblo brasileño y sustentarle la unión, la integridad y la independencia de Brasil", dijo Temer, aclamado por la mayoría de los legisladores que ahora constituirán su base política.
La investidura de Temer ha cerrado un capítulo de una tormentosa crisis política que se gesta desde 2014 pero que se agudizó en diciembre del año pasado, cuando el Congreso aceptó a trámite el proceso que acabó con el mandato de Rousseff, quien hoy insistió en que ha sido víctima de un "golpe de Estado parlamentario".
El nuevo presidente de Brasil, Michel Temer, propuso ayer un diálogo con todos los sectores políticos en un esfuerzo para cumplir su compromiso de entregar el país "reconciliado, pacificado y en ritmo de crecimiento".
"Reitero mi compromiso de dialogar democráticamente con todos los sectores de la sociedad brasileña", afirmó el jefe de Estado al hacer un llamamiento a la unión en su primer pronunciamiento en red de radio y televisión para todo el país y pocas horas después de haber prestado juramento como nuevo presidente tras la destitución de Dilma Rousseff.
Pese a que no mencionó específicamente a ningún sector ni citó a su antecesora, Dilma Rousseff, Temer afirmó que el momento de incertidumbre política finalmente fue superado y que llegó la hora de colocar los intereses nacionales por encima de los intereses partidarios.
En el pronunciamiento de cinco minutos, que grabó poco después de asumir y antes de viajar a China para participar en la Cumbre del G-20, agregó que su llamamiento al diálogo obedece a que su "único interés" como nuevo jefe de Estado y que encara como "un asunto de honor" es "entregarle" a su "sucesor un país reconciliado, pacificado y en ritmo de crecimiento".
La economía brasileña sufrió una retracción del 3,8 % en 2015, su peor resultado en 25 años, y el PIB puede caer un 3,2 % en 2016, con lo que encadenará dos años consecutivos de crecimiento negativo por primera vez desde la década de 1930.
