Miles de militares, policías, jueces, funcionarios y hasta conserjes turcos han sido destituidos o detenidos acusados de participar en el fallido golpe de Estado o de seguir a Fethullah Gülen, el predicador al que el Gobierno y el presidente, Recep Tayyip Erdogan, acusan de orquestar la asonada.
La supuesta implicación de este imam, residente en Estados Unidos desde 1999, volvió a ser señalada ayer sin dudarlo por el primer ministro, Binali Yildirim.
"Esto ha sido un golpe contra la democracia turca y está claro quién lo hizo. Todos sabemos que el imam (Gülen) está detrás de ello", sentenció el jefe del Ejecutivo. Yildirim aseguró que en distintos ministerios hay funcionarios que se han unido a la "organización terrorista", en referencia a "Hizmet" (Servicio), la influyente red de seguidores de Gülen, que hasta hace apenas tres años fue un estrecho aliado de Erdogan y de su partido, el islamista AKP.
"Hemos empezado a limpiarlos", anunció el primer ministro, continuando la retórica iniciada por Erdogan la misma noche del golpe, cuando se refirió a la asonada como un "regalo de dios" que permitiría limpiar el Ejército de elementos gülenistas.
Las cifras dadas por Yildirim confirman que se trata de una "limpieza" a fondo.
Unos 8.777 funcionarios del Ministerio del Interior, entre ellos agentes, oficiales y altos mandos de la Policía y la Gendarmería, han sido destituidos. Otros 1.500 han sido apartados de sus cargos en otros ministerios. Un total de 2.745 jueves y fiscales han sido suspendidos, entre ellos cinco miembros del Consejo Supremo de Jueces y Fiscales.
