El primer ministro turco, el islamista Benali Yildirim, afirmó ayer que el Gobierno ha recuperado el control del país después del fallido intento de golpe militar que se inició la noche del viernes 15 y que causó 161 muertos y 2.839 militares detenidos.
"La situación está bajo control", aseguró Yildirim. Añadió que 20 soldados golpistas han muerto, lo que contradice la cifra ofrecida poco antes por el propio Ejército turco de 104 fallecidos. Cientos de militares implicados en el violento intento golpista se rindieron ayer.
Hay más de 1.100 heridos, según la agencia turca Anadolu.
Ümit Dünar, nombrado ayer jefe interino del Estado Mayor de Turquía (el titular, general Hulusi Akar, había sido secuestrado por los golpistas) declaró ayer fallida la asonada militar.
"El intento de golpe de Estado fue rechazado desde el inicio por la comandancia (del ejército). Una solidaridad histórica en Turquía hizo fracasar el intento golpista", aseveró Dünar.
El Servicio de Inteligencia de Turquía (MIT) ya había dado la noche del viernes por fallido el intento, pero los combates continuaban hasta ayer por la mañana, si bien todos los medios informaban de un número creciente de rendiciones.
La noche del viernes 15, la población de Ankara fue sorprendida por unos inesperados movimientos de tropas y el paso rasante de aviones militares, mientras se oían disparos cerca del cuartel del Estado Mayor.
Además, secuestraron al jefe del Estado Mayor, Hulusi Akar.
Unas dos horas después enviaron un comunicado electrónico a la prensa en el que afirmaban haber tomado el control en todo el país y advertían de que imponían la ley marcial.
Poco después de la liberación del aeropuerto, aterrizó en su pista el presidente del país, Recep Tayyip Erdogan, proveniente de un lugar en la costa, y en una llamada telefónica a una televisión transmitida en directo había ya llamado a la población a resistir.
Decenas de miles de ciudadanos salieron a las calles de Ankara y Estambul enarbolando banderas turcas para rechazar el golpe. Los golpistas bombardearon con cazas y helicópteros el palacio presidencial, el Parlamento y la Dirección de Seguridad en Ankara.
En torno a esos edificios, así como a la sede del Estado Mayor, se produjeron violentos enfrentamientos entre los golpistas, por un lado, y policías, gendarmes y soldados leales al gobierno, por el otro.
Erdogan calificó la acción de los militares rebeldes como un regalo de dios que permitirá limpiar el Ejército y prometió castigar a los responsables.
"Esto es traición. Pagarán un precio muy alto", amenazó el jefe del Estado y hombre fuerte del país desde Estambul.
