El recrudecimiento de los combates en Alepo ha colocado a Rusia ante la tesitura de bombardear las posiciones yihadistas en la segunda ciudadsiria pese a la proximidad de la oposición, a lo que al Kremlin lo animan sus políticos y militares, pero a lo que se opone terminantemente EE.UU.
"Rusia no va a esperar eternamente. Los terroristas aprovechan cada día para incrementar sus filas y rearmarse", declaró Konstantín Kosachov, presidente del comité de Asuntos Exteriores del Senado ruso, a medios locales.
Tras la última ofensiva yihadista, militares, diputados y senadores han instado al presidente ruso, Vladímir Putin, a dar la orden de atacar Alepo, pese a que este ordenó en febrero retirar el grueso de las fuerzas desplegadas en el país árabe aduciendo que el Ejército sirio era capaz por sí solo de derrotar el enemigo.
"Nunca llegamos a irnos del todo. Allí aún está nuestro contingente. Simplemente hay que utilizarlo de manera más activa sin pensar en la respuesta de nuestros socios" occidentales, aseguró Yuri Baluyevski, antiguo jefe del Estado Mayor del Ejército.
En aras de garantizar el respeto de la tregua en vigor desde finales de febrero, el Kremlin aceptó en su momento a regañadientes excluir a Alepo de los objetivos de su aviación desplegada en Latakia.
EE.UU. insistió entonces en que en las inmediaciones de la ciudad también se encontraban las posiciones de la oposición moderada al régimen del presidente sirio, Bachar al Asad.
