Donald Trump se afianza en la carrera presidencial republicana tras sus victorias en las elecciones primarias del martes 8 en EE.UU., mientras la demócrata Hillary Clinton sigue como favorita, pero no logra noquear a su rival Bernie Sanders.
El magnate inmobiliario se impuso con holgura en Michigan, Misisipi y Hawai, tres de los estados en liza para los republicanos en la noche electoral del martes, y solo cedió en Idaho, donde ganó el senador ultraconservador por Texas de origen cubano Ted Cruz.
Así, el polémico multimillonario recobró el impulso perdido el pasado fin de semana, cuando salió derrotado en Kansas y Maine, donde Cruz se llevó el gato al agua, y en Puerto Rico, que dio el triunfo el senador por Florida de origen cubano Marco Rubio, el candidato preferido por el aparato del Partido Republicano. Trump, que ha ganado, hasta la fecha, en 15 de los 24 estados que han acudido a las urnas para elegir un aspirante republicano a la Casa Blanca, instó ayer a su formación a unirse bajo el paraguas de su candidatura, pese al descontento del "establishment" (élite que ostenta el poder)con su discurso xenófobo y sus desaires hacia la dirección del partido.
"Si podemos aprovechar este momento como partido, vamos a ganar con facilidad" en las elecciones presidenciales del 8 de noviembre, afirmó ayer Trump en declaraciones a la cadena CNN, al presentarse como un "unificador".
"Está ocurriendo algo que es asombroso. Estamos atrayendo a millones y millones de personas que nunca habían votado antes. Millones de personas demócratas, millones de personas independientes", aseguró el empresario neoyorquino.
Trump volvió a hacer un guiño a la dirección del partido al recordar la "gran conversación" que mantuvo hace días con el presidente de la Cámara de Representantes de EE.UU., el republicano Paul Ryan, con quien habló de "unificar" a los conservadores. Aunque la batalla por la candidatura republicana está aún por dirimir, el magnate da por hecho que será el elegido y se declaró listo para enfrentarse a Clinton en la pugna por la Casa Blanca, aunque las encuestas le dan como perdedor en ese hipotético duelo.
