Al menos, 50 personas murieron y 70 resultaron heridas en un atentado perpetrado ayer por un terrorista suicida del Estado Islámico (EI) contra un puesto de control policial en la ciudad de Hila, situada a 100 kilómetros al sur de Bagdad.
El atentado, el más sangriento registrado en la provincia iraquí de Babel en los últimos años, destruyó completamente la posición de seguridad y provocó, además, el incendio de vehículos militares y civiles que se encontraban en los alrededores. Según explicó a EFE una fuente de seguridad, el terrorista, al volante de un camión cargado de explosivos, logró pasar un puesto de registro situado antes del puesto de control sin ser detectado.
Tras atravesarlo, el suicida detonó el camión junto al puesto de control conjunto de la Policía y el Ejército iraquíes, situado en la entrada norte de Hila.
El EI asumió la autoría a través de un anuncio difundido por su agencia de noticias Amaq que "la operación de martirio (suicida) con un camión bomba causó decenas de muertos y heridos". El Ministerio de Interior calificó el ataque terrorista de "inmoral" y confirmó la muerte de al menos siete miembros de las fuerzas de seguridad.
El vicepresidente de la Comisión Parlamentaria de Seguridad y de Defensa, Hamed al Mutlak, aseguró a EFE vía telefónica: "esta explosión es parte de un terrorismo que no cree ni en fronteras ni en geografías".
Según el responsable, el mensaje que quiere enviar el Estado Islámico con este ataque es también que puede "hacer daño" donde quiera y cuando quiera. "Es un mensaje de desafío que quieren decir: todavía estoy aquí y todavía tengo capacidad de influir y de llevar a cabo operaciones en cualquier zona", agregó el político.
Para el diputado, la manera de evitar este tipo de agresiones es "aumentar la capacidad y la profesionalidad de los servicios de seguridad, así como su acceso a la información de Inteligencia para que puedan llevar a cabo intervenciones preventivas".
