La detención ayer del legislador Delcídio Amaral, jefe del oficialismo en el Senado de Brasil y arrestado por orden de la Corte Suprema, enredó aún más la crisis política que vive ese país y encendió las alarmas en el Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff.
Amaral, del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), fue detenido a primera hora por la Policía Federal debido a que, según el Tribunal Supremo, intentó sobornar a uno de los detenidos por las corruptelas en Petrobras para que no aceptó un acuerdo de cooperación judicial a cambio de una reducción de pena.
El magistrado Teori Zavascki, miembro de la Corte Suprema, dijo que la Fiscalía comprobó que el senador contactó al exdirector de Petrobras Nestor Cerveró, detenido por el caso, y le ofreció 50.000 reales (13.300 dólares) por mes a cambio de su silencio e incluso le planteó ayuda para una eventual fuga al exterior. La oferta quedó registrada en documentos y grabaciones hechas por la Fiscalía con autorización judicial que "no dejan lugar a dudas" y suponen "el comportamiento digno de un miembro de la mafia", declaró el juez al justificar la detención. En la operación realizada ayer también fueron detenidos el jefe de gabinete del senador, Diogo Ferreira, y el banquero André Esteves, consejero delegado del banco de inversión BTG Pactual.
Hace tres años Esteves entró en la lista de las 20 personas más acaudaladas de Brasil, con una fortuna calculada en unos 3.000 millones de dólares, amasada también con negocios petroleros. La Fiscalía solicitó su arresto porque supuestamente apoyó con dinero a Amaral en su intento de soborno a Cerveró, un hombre que fue clave en un polémico negocio que llevó a Petrobras a comprar una refinería en Estados Unidos en 2006.
Petrobras pagó en su momento unos 1.180 millones de dólares por esas instalaciones a la compañía belga Astra Oil.
