Tras 12 años de kirchnerismo, Argentina comienzó ayer la transición política con un encuentro privado entre la presidenta saliente, Cristina Fernández, y su sucesor, el conservador Mauricio Macri, que asumirá el cargo el 10 de diciembre.
"Me dijo que fuera solo, así que allá voy", declaró ayer al diario Perfil el presidente electo sobre la reunión a puerta cerrada que tendrá lugar en las próximas horas en la quinta presidencial de Olivos, a las afueras de Buenos Aires.
Macri expresó su deseo de que sea una "charla constructiva" y anticipó que solicitará a Fernández una "transición ordenada". "No se conocen cuáles son los temas que se tocarán y no podemos entonces seguir haciendo presagios", se excusó el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, al ser consultado por periodistas sobre el encuentro, que tiene lugar un día después de que la mandataria recibiera al candidato de su espacio político, el peronista Daniel Scioli, derrotado por 2,8 puntos por Macri.
Fernández se mantuvo en silencio desde la noche electoral, cuando llamó al líder de Cambiemos para felicitarlo por la victoria e invitarlo a la quinta presidencial, en la que ha vivido desde 2003, primero como primera dama, bajo el mandato del fallecido Néstor Kirchner, y después como jefa de Estado por dos periodos consecutivos (2007-2015).
En las menos de tres semanas restantes para el relevo presidencial, la prioridad de Macri es averiguar el estado de las cuentas argentinas y revisar los multimillonarios acuerdos firmados en los últimos años con China y Rusia, dos potencias con excelentes vínculos con el Ejecutivo kirchnerista.
"Hay muchas cosas que queremos saber para ver en qué dirección rumbeamos a partir de diciembre", dijo Macri al diario La Nación. "Les he pedido a los argentinos paciencia, porque milagros no soy capaz de hacer. Pero tengo plena conciencia de que el tiempo cuenta", agregó.
