Los ataques y disturbios en Israel y Palestina llegaron ayer a la Franja de Gaza, en una jornada en que siete palestinos murieron y tres israelíes resultaron heridos y en que el movimiento islamista Hamás llamó a una nueva intifada.
Se trata de las primeras revueltas en la franja desde que se inició la ola de violencia, después de que el jefe de Hamás en el territorio, Ismail Haniye, llamase a convertir la tensión en una nueva intifada (levantamiento) popular palestina con el fin de "liberar Jerusalén".
"Confirmo que Gaza apoya la batalla por Jerusalén y por (la mezquita de) Al Aqsa y apoya la bendita intifada a pesar del dolor, el bloqueo y las conspiraciones", dijo el dirigente islamista en un discurso durante el rezo musulmán del viernes en la principal mezquita de Gaza capital. Agregó que el enclave costero "está preparado para unirse a una intifada completa".
Tras las oraciones del mediodía, cientos de palestinos se manifestaron en varios puntos cercanos a la valla fronteriza con Israel en el norte, este y sur de la franja, tirando piedras y cócteles molotov, lo que originó violentos choques en los que murieron seis palestinos y alrededor de 80 resultaron heridos por disparos del Ejército israelí, según fuentes médicas palestinas.
También se dieron disturbios en Cisjordania, sobre todo alrededor de Hebrón, en el sur, en Nablus y Qalquilia, en el norte, y en Ramala y Al Bire, al norte de Jerusalén, informó a Efe Abed Manasra, portavoz de la Media Luna Roja en Cisjordania. Las revueltas causaron cerca de 140 heridos de munición real y balas recauchutadas (80 en Gaza y cerca de 60 en Cisjordania), mientras otro centenar tuvo que ser atendido por intoxicación con gases lacrimógenos, explicó el portavoz del Ministerio de Sanidad palestino en Ramala, Mohamad Awawda.
En paralelo a los disturbios se registraron tres apuñalamientos de palestinos a israelíes y un ataque de un judío de ultraderecha contra cuatro árabes.
Este último tuvo lugar esta mañana en la localidad de Dimona, en el sur de Israel, cuando un menor israelí atacó a cuatro residentes árabes, dos de ellos con ciudadanía israelí y los otros dos palestinos, al considerar que "todos los árabes son terroristas", según reconoció a la Policía cuando confesó su crimen. El siguiente ataque fue en Jerusalén, cerca de una parada del tranvía, donde un joven palestino agredió con arma blanca a un israelí, hiriéndole de levedad antes de ser detenido. Poco después un palestino fue abatido en el asentamiento judío de Kiryat Arbá, en la localidad palestina de Hebrón, cuando trató de apuñalar a un policía.
