En medio de gritos e insultos que resonaban en el frontis de la Alcaldía, la Policía logró desalojar a los vecinos que mantenían una vigilia exigiendo la renuncia del alcalde Jhonny Llally. Sin recurrir a agentes químicos ni a la fuerza, los uniformados apostaron por la persuasión, mientras el tono de la protesta se intensificaba.
Por minutos, los reclamos de las manifestantes, en su mayoría mujeres, se volvieron ensordecedores. La tensión aumentaba con cada grito, pero afortunadamente la situación no escaló. A pesar de la resistencia inicial, los manifestantes terminaron por desinstalar sus propias carpas.
Sin embargo, el desalojo no marca el fin de las protestas. Los vecinos, enfurecidos y firmes en sus convicciones, ratificaron que no cederán en su lucha y prometieron continuar en las calles hasta lograr la dimisión del alcalde Llally. El enfrentamiento entre la ciudadanía y el Gobierno Municipal parece lejos de resolverse.
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