El domingo por la noche, en la terminal turística de la ciudad, un bebé recién nacido fue hallado, abandonado a su suerte, cubierto apenas por una frazadilla. Junto a él, una desgarradora nota escrita con pocas palabras: "Cuiden a mi bebé".
La madre, aún no identificada, dejó al pequeño en un rincón casi oscuro, sumida en la desesperación que sólo la pobreza más cruel puede engendrar.
Fue la portera de la terminal quien encontró al bebé. La mujer alertó, entre mezcla de horror y compasión, a los efectivos policiales. Ellos, sin poder hacer más que cumplir su deber, entregaron al pequeño a los policías de Radio Patrullas 110.
Los minutos se hicieron eternos mientras esperaban la llegada del personal de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia, que nunca apareció.
