Ante denuncia de gente que compró lavandina, se verificó un producto que se vendía en la calle Smith esquina Mariscal Santa Cruz y se evidenció que no reúne las condiciones de olor y espesor.
La vendedora alega que ella no fabrica la lavandina y culpa a los que la producen.
La venta de lavandina adulterada constituye un delito a la salud pública porque la gente usa ese líquido pero no elimina los virus y se pone en peligro.
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