“Un casero ya soy, pues”. Así relata el potosino que participó en los Juegos Olímpicos de 1972 el dramático y delictivo acontecimiento del cual salió vivo. Su nombre es Crispín Quispe, el primer boliviano que adoptó las cualidades de una “gacela” para ser parte de la competencia internacional.
Al menos tres delincuentes, a los cuales describe como chuteros, irrumpieron violentamente en la casucha donde vive solo. “(Ellos) entraron. Pregunté: ¿quiénes son ustedes? Y ellos me dijeron: cállese mierda”. La luz de las linternas que usaban le apuntó directamente a sus ojos, antes que le encañonaran con el arma.
El exatleta, que se preparaba a pan marraqueta y un plátano para correr, contó consternado que no fue la primera vez que le ocurrió. Ya fue víctima en cuatro oportunidades de los forajidos ladrones y por eso refiere que es “un casero”.
“No es la primera vez: es la cuarta, ya. Una vez se lo han sacado mis mantones y llamas. En la segunda vez, también se lo han sacado mis camas; y en la tercera vez, mi sueldo me han sacado. Después carnes se lo han devorado. Un casero ya soy, pues”, complementó.
Ahora el asalto fue distinto: usaron un arma para matarlo. Quispe mencionó que lo maniataron y le cubrieron el rostro para que no pueda identificar a los delincuentes. Los delincuentes no sabían que el exmaratonista sufre de glaucoma, una enfermedad que le causó la pérdida de la visión.
“Me han amarrado las manos”, dijo y refirió que había uno que ordenaba todo. “Les dije que no hicieran eso, que para qué me iban a matar, si mañana pasado voy a morir. Les comenté que estoy mal del pulmón, pero insistieron y me cuestionaron sobre la plata”, complementó el exatleta de 76 años que ahora es llamero.
Los delincuentes lo encerraron maniatado al emblemático deportista que nos representó en los juegos más importantes del planeta sin tomar en cuenta que entregó su alma, vida y corazón por representar a Bolivia.
Tras pasar toda la madrugada en esa posición incómoda logró zafar sus manos, pero su puerta estaba cerrada herméticamente. Los delincuentes pusieron un alambre en las argollas de la puerta. Casi tumbando su puerta logró salir y fue en busca de ayuda, pero antes se percató que lo habían despojado de su garrafa y una picota. No solo fue eso. También mataron a unas cuatro o cinco llamas y se llevaron la carne, confirmó el que participó en las famosas ediciones de atletismo de San Silvestre.
Casi llorando, el histórico olimpista potosino, describió que encontró mucha sangre regada en el canchón donde están sus animales. Ahora, él clama justicia, aunque entiende poco de la justicia humana, pero no admite lo que le sucedió. “Es verdad que he sufrido un intento de asesinato. En el momento he sido católico y hermano. Ahora me he convertido en hijo de Dios”, dijo sollozando al clamar justicia.
Denunció que él y sus vecinos son víctimas de los delincuentes, pero, a la fecha, las autoridades no hicieron nada para atrapar a los forajidos chuteros.
Al respecto, la fiscala departamental de Potosí, Roxana Choque, afirmó que conoce del caso pero dijo que está solicitando un informe actualizado al fiscal que investiga el caso para dar mayores detalles.
Sin embargo, dijo que el caso no puede quedar impune y pondrá todo de sí para que el caso sea esclarecido.
A veces, suele ser tan vaga y poco nítida la memoria que olvida a sus héroes humildes. Y Crispín Quispe, ahora con 76 años, es uno de ellos. El potosino, que nació en la provincia Daniel Campos, no es uno de esos personajes con fama consolidada, pero los registros del atletismo lo recuerdan como el primer boliviano en disputar unos Juegos Olímpicos.
..........
Señor Lector, este es solo un reporte. La información completa está en la edición impresa de El Potosí.
