Tiene 24 años cumplidos y casi no ha vivido. Tiene pareja y es padre de un niño de un año y medio, pero no había decidido el rumbo de su vida cuando una bala le atravesó la cadera y le cambió todos los planes.
Ahora tiene que hacer fila en la caja de salud y esperar por lo menos dos horas para que le atiendan.
Darío Cuiza decidió salir en defensa de la democracia el 9 de noviembre, el mismo día en que centenares de cooperativistas mineros decidieron viajar a La Paz a exigir la renuncia de Evo Morales. Partió sin imaginar que las balas impedirían su propósito.
Como la mayoría de nuestros entrevistados, no recuerda el momento en que comenzaron a zumbar la balas. Solo calcula que eran como las 07:30 del 10 de noviembre cuando todos iniciaron la retirada, intimidados por la balacera, y algunos empezaron a caer, alcanzados por los proyectiles.
Una bala le alcanzó en la cadera pero se la atravesó y salió con rumbo desconocido. En su trayecto, le causó daños no detallados en la cadera y le motivó a usar muletas. No es una fractura, porque no le enyesaron, pero el médico le dijo que no puede usar la pierna por un tiempo, ni siquiera como apoyo.
