Hasta este jueves, Roland Garros tenía dos grandes protagonistas: el italiano Jannik Sinner, que parecía invencible, y el termómetro, que se obstinaba en jugar un papel central en el torneo.
El segundo decidió imponer su ley sobre el primero, que contra todo pronóstico se fundió en segunda ronda ante el argentino Juan Manuel Cerúndolo, un rival al que estaba a punto de dar la estocada cuando el físico abandonó al italiano, que dejó los pronósticos sin una dirección clara.
Sinner aseguró que no fue el calor el que le hizo hincar la rodilla cuando había ganado los dos primeros sets (6-3 y 6-2) y dominaba 5-1 el tercero, pero los signos que mostró en la pista central apuntaban a que el tenista italiano se derritió al ritmo en el que el mercurio iba ascendiendo en la tarde parisina (perdió los siguientes tres sets: 7-5, 6-1 y 6-1).
