El derbi por la cima de la Liga terminó en nada, en un empate sin goles y una noche de frustración ofensiva en el “Wanda Metropolitano” para el Atlético y el Real Madrid, a la espera de partidos más cercanos al nivel que desprenden sus plantillas, con menos respeto y más voracidad, cuando ya no haya ninguna excusa.
Realmente, solo una ocasión real pudo cambiar el destino de un partido con pinta de empate; el cabezazo de manual que conectó Karim Benzema al que se estiró Jan Oblak para dejar todo como estaba.
Son ya tantos y tantos derbis en la era Diego Simeone, ayer, sábado, ya por el 30, tan decisivos muchas veces, con tanta responsabilidad como respeto, que se transforma en un ejercicio de sumo cuidado táctico y sin goles.
