Dos goles de Harry Maguire y Dele Alli sirvieron para que, 26 años después, Inglaterra vuelva a jugar una semifinal de un Mundial de fútbol, tras derrotar ayer sábado en partido de cuartos a Suecia (0-2), en Samara, donde el equipo de los Tres Leones se reencontró con su historia.
Inglaterra, campeona del mundo en 1966, casi siempre candidata a todo y acreedora a nada, ha vuelto, quizá en el momento menos esperado, con un equipo muy joven e inexperto, a la elite del fútbol mundial. Y el próximo miércoles jugará, en el estadio Luzhniki, de Moscú, el mismo que albergará el partido decisivo, el 15 de julio, la semifinal contra Croacia.
El fútbol vuelve a casa ("Football's coming home"). Tal y como rezaba el himno de la Eurocopa del 96, que Inglaterra organizó con el exiguo botín de una semifinal en la que cayó ante Alemania, en los penales. En la que el lanzamiento decisivo lo falló su actual seleccionador, Gareth Southgate, absolutamente redimido de ese error con lo que ya ha alcanzado, merced a un grupo con margen de mejora.
Fue Kane, faro del Tottenham de Mauricio Pochettino, el que lanzó el primer (tímido) aviso, en el 18, con un tiro que salió por la derecha de la portería de Olsen. En un primer acto poco espectacular en el que Inglaterra fue la que más propuso, para adelantarse a la media hora, gracias a un gran testarazo del "gigante" Maguire (1,93 metros) que les hizo probar de su propio jarabe de juego aéreo a los suecos, tras un córner desde la izquierda lanzado por Young.
