Un doblete de Gareth Bale puso el brillo a un Real Madrid sin la constancia deseada por Zinedine Zidane, irregular en su juego ante un Leganés ordenado que se estrenó en el Santiago Bernabéu en un encuentro que cerró Álvaro Morata (3-0).
Pidió constancia Zidane a sus jugadores, obligados a levantarse luego del traspié europeo en Varsovia ante el modesto Legia. Ser constante es una de las grandes dificultades de la vida. Sin duda es su reto en un Real Madrid que se desenchufa en pleno partido o que salta sin la motivación que el fútbol de hoy en día exige.
Con la lección aprendida de jugar de tú a tú al Barcelona, el Leganés plantó un 4-5-1, con líneas juntas, que desactivó el juego del Real Madrid, tapó espacios y no existió la conexión entre el centro de campo y los tres de arriba de Zidane.
Todo unido provocó que el Real Madrid tan solo llegase en cinco ocasiones a área rival en el primer acto. Lo increíble al descanso fue que se marchase ganando 2-0, ambos de Bale, a un pase con visión de privilegiado de Isco desde la banda izquierda y adelantándose el galés a todos en boca de gol, tras una falta lateral de Kroos y cabezazo de Varane.
