El modesto Legia sacó los colores al vigente campeón de Europa, un Real Madrid desconocido que se contagió del gélido ambiente de un encuentro a puerta cerrada, para dejar escapar dos tantos de ventaja y acabar empatando un partido de descontrol en el último suspiro gracias a un tanto de Mateo Kovacic (3-3).
Todos los condicionantes del encuentro en Varsovia lo convertían en un duelo extraño. Frío sin público, enorme diferencia de nivel. Mantener la concentración no era sencillo para los jugadores del Real Madrid que por momentos sintieron que jugaban más un partido de entrenamiento que de “Champions” y lo acabaron pagando.
Nada hacia pensar que en el terreno donde el Dortmund marcó seis, el Real Madrid no se pasease. El Legia mostraba menos peligro del que la ilusión le impulsó a generar en el Santiago Bernabéu. Explotaba la banda de Coentrao para llegar al área madridista, pero no conseguía inquietar a Keylor Navas. Mientras, su debilidad defensiva convertía en peligro cada llegada del Real Madrid.
