Las selecciones de Brasil y Alemania no necesitan la dirección del estadio Maracaná ni un recordatorio para acudir puntuales hoy a una cita con la historia del fútbol, con la gloria que ha reservado una medalla de oro olímpica y, quizá, con los fantasmas que vienen a Río de Janeiro y vuelven a Belo Horizonte donde el 8 de julio de 2014 la Canarinha cayó por 1-7 con la Mannschaft.
Es cierto que hoy brasileños y alemanes jugarán por la medalla de oro de los Juegos Olímpicos de Janeiro y que el resultado de espanto que se dio 774 días atrás fue en las semifinales del Mundial jugado en Brasil.
No obstante, la posibilidad de obtener una victoria sobre un rival incómodo en una final que puede dar a Brasil la primera medalla de oro de su historia en un torneo olímpico de fútbol masculino atiza los bríos de un país y un grupo de jóvenes jugadores ambiciosos capitaneados por Neymar.
El número diez se perdió por lesión la semifinal del Mundial de hace dos años y ahora, en plena vuelta a su forma futbolística, se encuentra con la brillante oportunidad de ayudar a la conquista del título que falta en el extenso palmarés del fútbol brasileño.
