Con un mensaje de tranquilidad pero todas las alarmas encendidas, Brasil batalla en primera línea del frente contra el Zika, confiando en que la llegada del invierno y el gran operativo puesto en marcha consigan acabar con el virus antes de los Juegos Olímpicos que acogerá en agosto el país sudamericano.
El Gobierno brasileño tiene declarada la guerra al Aedes aegypti, el diminuto mosquito transmisor del Zika, que ha pasado a ser el nuevo "enemigo" nacional después de que se relacionara el virus con el repentino incremento de casos de microcefalia en el país.
Sin embargo, tanto el Ejecutivo como el Comité Organizador de los Juegos Olímpicos confían en la llegada del invierno austral, cuando el mosquito suele tener menos incidencia, para contener un virus que ya ha sido decretado por la Organización Mundial de la Salud como emergencia sanitaria de alcance internacional.
El Gobierno incluso ha aseverado que la proliferación del Zika no supone un riesgo para la gran mayoría de los turistas que lleguen con motivo de los Juegos, con la única excepción de las embarazadas.
