Después de tiempo indeterminado, el teatro IV Centenario volvió a ser el escenario de un concierto sinfónico, pero lo sobresaliente no fue eso, sino el mensaje que el maestro director de orquestas de música clásica, Willy Pozadas, emitió al final del espectáculo: hay que formar artistas en esta disciplina.
El concierto fue el resultado de la fusión de varios colectivos musicales, desde el coro de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma Tomás Frías, dirigido por Marco Clemente, hasta la orquesta sinfónica juvenil del Pichincha que Pozadas organizó para el evento, pasando por los institutos de formación artística de varias ciudades del país.
Magistral: ese es el adjetivo que define al concierto sinfónico de la noche del lunes. El Himno Nacional de Bolivia fue el primer aviso de que la fusión iba a ser exitosa y, acto seguido, se escuchó, por vez primera, el Himno al Pichincha en versión sinfónica. El autor de la letra del símbolo fue el primer rector titular del Pichincha, José Ignacio Sanjinés, mientras que el himno pichincheños fue una colaboración entre el exalumno Celestino López y el maestro Simón Roncal.
Algo que casi no se conoce es que no todas las canciones son compuestas para orquesta y ahí está la maestría del director. Pozadas ya tuvo esa experiencia antes y, en el caso de Potosí, hizo los arreglos para el “Potosino soy” el año pasado, cuando ofreció un concierto de cámara en el Club Internacional. Fue cuando nació la idea de hacer un concierto mayo, sinfónico, y el bicentenario del Pichincha era la mejor ocasión.
Pozadas es exalumno del Pichincha y se juntó con otro pichincheño, Marco Clemente, para hacer posible el sueño. Y aunque hubo diversidad —incluyendo un popurrí de música boliviana que cerró con el “Viva mi Patria Bolivia”—, el espectáculo fue rojo y blanco. El pichincheño Humberto Iporre Salinas volvió a inundar las almas con su “Oración del mitayo” y remató con un “Potosino soy” que, a diferencia del interpretado en noviembre, fue coral y sinfónico. Definitivamente, no apto para cardiacos.
Las morenadas fueron otro hito. Consideradas música para bronces; es decir, bandas folklóricas, la orquesta sinfónica armada para el bicentenario del Pichincha demostró que también pueden ser interpretadas magistralmente en esta categoría. Ni siquiera los violines desentonaron cuanto se las interpretó.
Y, en los homenajes, Pozadas se mandó la parte. Dijo que el concierto es una muestra de lo que se puede hacer con un poco de buena voluntad. Señaló que es necesario que se enseñe la ejecución de instrumentos musicales en los colegios, en lugar de gastar grandes sumas pagando a artistas extranjeros en los festivales de la cultura.
Pero esas palabras no terminan ahí. En el concierto se vio el valor de los institutos de formación artística (IFA) que ya llevan años funcionando como pueden en varias ciudades del país. Los alumnos formados en los IFA muestran un alto nivel y la necesidad de que esos centros tengan atención de los gobiernos, partiendo de las alcaldías y terminando en los ministerios. Esa fue una recomendación de las Jornadas Culturales Plurinacionales realizadas en abril en todo el país y el espectáculo en homenaje al bicentenario del Pichincha confirma la urgencia de aplicarla.
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