La 'Musique concrete', traducida como 'música concreta' en los textos en castellano, fue una aportación netamente francesa en esa mitad del s. XX en la que las academias quisieron ser fuertemente renovadoras y provocativas. Schaffer, Henry... y otros autores están entre los que obligaron al mundo a admitir el uso de cualquier sonido real grabado en cinta magnética (y transformado desde ella con inversiones, cortes, fundidos, variaciones de velocidad, etc.) como elemento válido para la creación musical. Eso sí ha sido una aportación descomunal en sus consecuencias. Y no, por mucho que nos puedan hacer pasar grandes ratos, las creaciones nacidas de ese 'French touch' son comparativamente mucho más 'estándar' y globalizadas. Podríamos igualmente hablar de los muchos desarrollos técnicos y musicales surgidos del IRCAM parisino, del CRM de Marsella, ... Hay mucha historia y mucha Cultura (con mayúscula) francesa vinculada a la música electrónica, como para que la envidia que sintió Macrón ante la decisión alemana a favor de su tecno en 2024, promovida oportunistamente por Technopol, haya sido tan cegata al definir su objetivo.
La UNESCO reconoce el papel fundacional de la 'musique concrète' junto a muchísimas otras manifestaciones musicales a través del International Music council (IMC), el estatus de patrimonio cultural al que aspira Francia conlleva una protección de esa herencia que veo impropio no se hubiera reclamado antes (por cronología, sí, pero también por relevancia cultural) a favor de aquella 'musique concrète'.Pablo Fernandez Hispanasonic
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