Los evangelios no son textos literarios sino históricos. Los cuatro que aparecen en el Nuevo Testamento fueron escritos entre los años 125 y 250 pos personas que conocieron directamente a los evangelistas.
Los textos evangélicos están basados en papiros que fueron encontrados a lo largo de los siglos y muchos de ellos están conservados en repositorios. Así, un trozo del que ha sido identificado como parte del evangelio de Mateo es el papiro 250, que se conserva en la Universidad de Pensilvania; mientras que el papiro 600, con un pedazo del evangelio de Lucas, está en la Biblioteca Nacional Austriaca, y el 550, conteniendo fragmentos del evangelio de Marcos, está en la Universidad Católica de Lovaina.
El más antiguo es el papiro P52 que está conservado en la biblioteca John Rylands de Mánchester, Reino Unido, y contiene los versículos 31 a 33 del capítulo 18 del evangelio de Juan, en el anverso, y los versículos 37 y 38, en el reverso. El idioma en el que están escritos es el griego.
Hasta la fecha se conocen más de 140 papiros, solo del Nuevo Testamento, porque también existen trozos del antiguo. Los ateos y “marxistas militantes” que consideran una obligación acabar con la religión, a la que Marx llamó “opio de los pueblos”, dudan de la autenticidad de estos documentos y consideran que los que no fueron “fabricados” sufrieron intervenciones posteriores para adaptarlos a la narrativa cristiana. Los historiadores que los han estudiado, en cambio, consideran que su antigüedad y contexto los hace verosímiles.
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