Alhué y Mailén, dos ejemplares de cóndor andino, nacieron en cautiverio en un centro de rehabilitación cerca de Santiago. La esperanza es que puedan ser liberados y procreen en la cordillera para aumentar la población del ave voladora más grande del mundo.
Sus padres son dos parejas de cóndores que viven hace años en el Centro de Rehabilitación de Aves Rapaces (CRAR) de la Unión de Ornitólogos de Chile, ubicado en la localidad de Talagante (40km de Santiago. Una instalación para aves que no pueden vivir en libertad porque no pueden volar o porque están acostumbrados a la presencia cercana del ser humano. "La apuesta de esto es introducir cóndores a la naturaleza a partir de cóndores que no son liberables, que están aquí de por vida", explica Eduardo Pavez, fundador del CRAR.
La esperanza de los responsables de este centro es que, en algún momento, Alhué, un macho, y Mailén, una hembra, rompan el destino de sus padres y sean liberados. Los polluelos aún tienen movimientos torpes, inseguros y llevan un plumón grisáceo, propio de los polluelos de cóndor con pocas semanas de vida.
Según la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el cóndor está calificada como especie vulnerable y estima que 6.700 ejemplares viven en libertad.
