¿Cómo han resistido tan bien el paso del tiempo las construcciones romanas, como panteones o acueductos? Es una pregunta que se hacen desde mucho tiempo los expertos en la materia.
Investigadores estadounidenses y europeos creen haber finalmente descubierto el secreto de longevidad de estas maravillas arquitectónicas, que datan de hace unos 2.000 años: un concreto capaz de repararse a sí mismo.
Mientras ciertos edificios modernos caen en ruina tras algunas décadas, los científicos esperan que ese descubrimiento podrá ayudar a reducir el impacto para el medioambiente y el clima de la producción de concreto, que genera importantes cantidades de gas invernadero.
Hasta ahora se atribuía la solidez del concreto a romano a su relación con las cenizas volcánicas de la región de la bahía de Nápoles, Italia, enviadas a todo el Imperio con fines de construcción.
Pero los investigadores se focalizan ahora en la presencia de otra característica: pequeños pedazos blancos y brillantes, provenientes de la cal, otro ingrediente usado en la concepción del concreto.
