El 2 de enero de 1616, el Cabildo Secular de Potosí sesionó extraordinariamente, porque era sábado, para recibir el juramento de Antonio Verasátegui en el cargo de depositario general. Era la segunda vez, pues ya había jurado en ese oficio el 13 de noviembre del año anterior, pero la Audiencia de La Plata había observado sus fianzas y, por ello, debió presentarlas nuevamente.
Que el cabildo haya tenido que reunirse en sábado era apenas una pequeña muestra del poder que tenía la familia Verasátegui en la instancia de gobierno de Potosí. Dos de los hermanos, Pedro y Domingo, ya formaban parte de ese cuerpo colegiado desde 1602 y 1607, respectivamente, así que el juramento de un tercero, Antonio, reforzaba su poder porque representaba un voto más, además de los que ya tenían comprometidos.
Además, la incorporación de Antonio confirmaba a los Verasátegui, de origen vizcaíno, como una dinastía que tendría presencia en la Villa Imperial por lo menos hasta 1694, cuando, según refirió Bartolomé Arzáns, comenzó la decadencia de su casa por la excomunión y posterior fallecimiento de Miguel de Verástegui.
Pero la familia no pasó a la historia por ser una dinastía sino por su protagonismo en las guerras civiles de Potosí. “La estirpe de los Verasátegui fue protagonista espectacular en la guerra civil vicuña-vascongada —escribió Gunnar Mendoza—. Eran cuatro hermanos de los cuales Pedro, Jerónimo y Domingo de Verasátegui murieron durante la lucha y por efecto directo o indirecto de ella, sobreviviéndoles por muchos años Antonio de Verasátegui”.
El más famoso fue Domingo debido a que su actitud de intentar vengar la muerte del vasco Juan de Urbieta desató la guerra de vicuñas y vascongados que estalló formalmente en 1622. Alberto Crespo Rodas lo describe así: “Verasátegui reunió a su gente con la determinación de vengar a su compañero en la persona de Fernández de Tovar. Se acordó que el propio Verasátegui, Pablo Martínez y San Juanillo saldrían a la cabeza de sus respectivas cuadrillas y todos entrarían en la plaza principal profiriendo desplantes contra los Vicuñas y si encontraban a Fernández de Tovar, lo atacarían. Al día siguiente, las cuadrillas salieron a cumplir la consigna”.
Domingo de Verasátegui fue uno de los líderes de los vascongados en el inicio de esa guerra, pero no llegó demasiado lejos porque “murió, víctima, no de sus enemigos, como tal vez habría sido su destino, sino de una enfermedad”. Crespo sentenció así su influencia: “Era un golpe que privaba a los vascongados de su caudillo, el más representativo que tuvieron. Ese acontecimiento aciago y los crecientes y temerarios ataques de los Vicuñas introdujeron el desaliento en la facción. Muchos comenzaron a salir de la Villa con destino a La Plata; gran número buscó protección en el convento de San Agustín; los demás se congregaron en grupos, para hacer mejor frente al enemigo, en las casas de Pedro de Verasátegui, Pedro Osores de Ulloa y en el ingenio de Madariaga”.
Pedro Verasátegui tomó la posta de su hermano y la mantuvo hasta su muerte en La Plata. Un quinto hermano, desconocido por Mendoza pero referido por Crespo, fue Tomás, que era sacerdote y falleció a consecuencia de un tiro que recibió accidentalmente. Otro que falleció fue Jerónimo, en otra fecha de enero que pasó a la historia de la familia:
“El 3 de enero de 1625, un grupo de más de veinte personas se presentó en Siporo, feudo donde la familia Verasátegui tenía sus ingenios y chacras y Gerónimo vivía retirado. Le hallaron indefenso y fácilmente dieron cuenta con él. Acercósele un religioso a confortarle, pero pareciéndoles largas la confesión, a los pies del sacerdote le ultimaron a estocadas. Los indios de Verasátegui, tocados por tanta saña, quisieron vengar a su amo y comenzaron a atacar a los vicuñas a pedradas. Estos tomaron sus arcabuces e hirieron a cuatro indios y después se retiraron sin contratiempos”.
El propio Crespo, que registró estos hechos, dijo que “la familia Verasátegui casi llegó a extinguirse en ese remolino de pasiones”, pero es obvio que el linaje prosiguió con Antonio y así llegó hasta 1694, cuando la guerra de vicuñas y vascongados era solo un recuerdo.
Fuentes:
ABNB. Libros de Acuerdos del Cabildo Secular de Potosí. Volúmenes 3 y 4.
ARZÁNS, Bartolomé. HISTORIA DE LA VILLA IMPERIAL DE POTOSÍ, riquezas incomparables de su famoso cerro, grandezas de su magnánima población, sus guerras civiles y casos memorables. Reedición de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia. 2012. Tomos I y II.
CRESPO Rodas, Alberto. LA GUERRA ENTRE VICUÑAS Y VASCONGADOS: POTOSÍ, 1622-1625. Talleres gráficos Don Bosco. 1969.
..........
Señor Lector, este es solo un reporte. La información completa está en la edición impresa de El Potosí.
