El fuego y el lobo (II)
2019
Las patrullas
“¡Dice que están entrando los campesinos!”
El libreto es el mismo: mensajes circulan en las redes advirtiendo que los campesinos ingresarán a la ciudad con el fin de desbloquear las garitas de la ciudad, cerradas desde el 9 de octubre de 2019, cuando la huelga general indefinida del Comité Cívico Potosinista (Comcipo) se hizo efectiva y paralizó la ciudad.
Este año, los mensajes de alerta se multiplicaron y estuvieron acompañadas de un elemento inexistente en 2015, los videos. A eso se sumó otra red social, WhatsApp, en la que los audiovisuales se reproducían más rápido que en las demás.
Además, dos hechos se sumaron a los argumentos que usaba la gente para respaldar su creencia en que los campesinos esta vez sí ingresarían a la ciudad: el primero fue el 12 de octubre, cuando el MAS desarrolló su cierre de campaña en la avenida Tinkuy de Potosí y allí se vio a comunarios de Tinguipaya. Cuando los cívicos acudieron en grupos a evitar el acto, fueron ellos quienes salieron a enfrentarlos.
Evo Morales y García Linera tuvieron que salir huyendo de Potosí pero la gente vio, por primera vez, que los campesinos sí podían ingresar a la ciudad.
El segundo hecho fue el ataque que sufrió el vehículo de Comcipo en Cantumarca. El 25 de octubre, desconocidos lo atacaron a pedradas y destrozaron sus parabrisas sin considerar que estaba ocupado. Ese mismo día circuló un video en el que se veía a un grupo de campesinos ingresar por un camino parecido al de Cantumarca y golpear a un ciudadano. Con esa “prueba”, la insistencia de la gente era incontrolable:
“¡Dice que están entrando los campesinos!”
La única manera de convencerla era demostrándole que los campesinos no estaban ingresando a la ciudad y, para ello, no era suficiente difundir los desmentidos oficiales. Había que mostrar lo que pasaba.
Fue cuando El Potosí comenzó a salir por las noches, luego del cierre de edición, y llegar hasta las garitas para mostrar, mediante transmisiones por su cuenta de Facebook, que no había incursiones de ningún tipo a la ciudad.
El 9 de noviembre se produjo el motín policial, que también fue transmitido, y, a partir de ese momento, los policías dejaron de patrullar las calles.
Entonces la vigilia se multiplicó.
Cada noche, grupos de vecinos salían a las calles para encender fogatas y estar atentos a una posible incursión.
“¡Dice que están entrando los campesinos!”
El rumor parecía imparable pero las transmisiones por Facebook, que sumaban miles de seguidores cada madrugada, lograban, por fin, tranquilizar a la gente.
Todos vigilaban, incluso las personas de la tercera edad. Una de ellas contó, por ejemplo, en las fogatas que fueron encendidas en la avenida Canadá, que vio camiones circulando en el Cerro Rico, otra dijo haber visto un bus con campesinos… ninguna versión fue confirmada.
El patrullaje de El Potosí no cesó ni siquiera el 10 de noviembre, cuando Morales renunció a la presidencia. Se salía después del cierre de edición y el trabajo se reiniciaba temprano, apenas unas horas después.
Estuvimos así hasta el 15 de noviembre, cuando, en efecto, los campesinos ingresaron a Potosí.
(continuará)
(*) Publicación en el marco de la beca de capacitación y producción de contenidos periodísticos contra la desinformación de Internews y maldita.es
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