Luis Sepúlveda fue uno de los más grandes escritores latinoamericanos de la actualidad. Nació en Ovalle, Chile, 1949. Después de una larga lucha contra el coronavirus, murió este pasado jueves 16 de abril. Relatar sus vivencias da para un libro muy gordo. Lo poco que sé de él es mucho para resumirlo aquí. Descendiente de mapuches por el lado materno e hijo de un militante del partido comunista chileno; desempeñó todo tipo de trabajos, desde tripulante de un barco ballenero en el fin del mundo a activista de Greenpeace, de lavador de muertos en una morgue en Alemania a director de cine en Argentina, de periodista en Chile a conductor de camiones de helados en Turquía, así era la vida de este Marco Polo moderno. Su fuerte compromiso político también lo trasladó de un lado a otro del planeta, fue guardaespaldas de Salvador Allende, luego preso y torturado durante la dictadura de Pinochet, el exilio fue solo una excusa para continuar su vida de nómada. Nunca pudo regresar al Chile que él conoció, ese país ya no existía. Detestaba el concepto de patria, porque te lleva al patrioterismo, decía. Y sí; también pasó por Bolivia.
Su última residencia fue en España; pero no dejó de viajar.
Leer sus libros es leer su vida. Llenos de una intensa necesidad de ayuda al prójimo; sus personajes son recortes, bricolajes de él. Los animales que pueblan sus fábulas, son más valientes y decididos que los humanos a la hora de ayudar. Amante de los gatos, como todo buen escritor (creo que se identificaba con ellos), sus tertulias políticas, con el Camarada Yoyo, su último felino, eran famosas en Facebook.
Se fue, el último de los más grandes fabulistas de nuestra época.
Cuando lo conocí ya era ese gigante de la literatura con incontables kilómetros de recorrido, con importantes premios literarios, doctorado honoris causa, adaptaciones de sus libros al cine y millones y millones de lectores en todo el mundo. Era natural que me temblaran las piernas cuando le di para leer mis dos libros. Pero me trató con tanta humildad y amistad, que el miedo terminó diluyéndose.
Como todo escritor profesional, tenía su rutina de escritura, incontables compromisos, y como ya lo dije, viajes… Su tiempo era limitado; pero te lo dedicaba si era importante. Recuerdo con cariño que yo debía mandar lo antes posible mi segundo libro, Cosmonauta: Cuentos retrofuturistas y fantásticos, a la imprenta, para tenerlo a tiempo en la FIL La Paz, un día antes de mandarlo, se lo comuniqué. Luis Sepúlveda escribió el prólogo y me lo mandó al día siguiente.
Junto con un ejemplar del Cosmonauta, pude mandarle una postal de la Casa Nacional de Moneda de Potosí.
En uno de sus correos me escribió: “Tengo y siento un enorme cariño por Bolivia. Una parte muy importante de mi biografía sentimental se llama Bolivia.”.
¡Qué estés con DIOS querido amigo!
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Señor Lector, este es solo un reporte. La información completa está en la edición impresa de El Potosí.
