El mariscal Antonio José de Sucre, cuyo decreto del 9 de febrero de 1825 posibilitó la fundación de Bolivia, es una figura controvertida.
Conocido como “el santo laico”, es considerado una figura casi angelical en una historia de Bolivia que primero fue escrita a tono de Casimiro Olañeta y después dio lugar a las repeticiones.
Empero, cuando se estudia a este personaje se puede encontrar rasgos contradictorios en su conducta.
Ahí está, por ejemplo, la primera Ley de Imprenta que conoció el país, que Sucre promulgó siendo ya presidente con el claro propósito de controlar las publicaciones de prensa. Esta ley fue tan draconiana que llegó a castigar los delitos de prensa con la cárcel y el destierro.
La revisión de las cartas que publicó Gunnar Mendoza nos proporcionan, también, interesantes claves de su carácter. En ellas confirmamos que la Batalla de Tumusla sí ocurrió y podemos ver cómo Sucre anuló a su vencedor, Carlos Medinaceli, al que castigó algunas veces y, finalmente, logró borrar el mérito que tuvo en la contienda que fue la que realmente liberó al territorio que hoy es conocido como Bolivia.
Pero el libro que hoy presenta el historiador y amigo Norberto Benjamín Torres nos muestra al Sucre que aprendimos a amar desde la escuela, a un estadista preocupado por las finanzas del país que gobierno y a un jefe considerado capaz de entender hasta los errores que cometieron sus subordinados en un caso tan grave como la sublevación del Regimiento Granaderos de Junión en Cochabamba, el 14 de noviembre de 1826.
El responsable de la sublevación fue Domingo Matute pero el coronel Otto Felipe Braun es el que estaba a cargo de la disciplina de aquella unidad militar. Fue por eso que se le inició un sumario y, gracias a eso, existen documentos sobre lo sucedido aquella fecha.
Las cartas que forman parte del libro de Torres revelan, por una parte, una profunda amistad entre Sucre y Braun pero, por otra, dan cuenta que, lejos de lo que nosotros creíamos, Bolivia no estaba siendo precisamente mantenida por la plata de Potosí en aquellos primeros años.
