El santuario de La Puerta volvió a llenarse de gente ayer con motivo del día que el santoral de la Iglesia Católica dedica a San Bartolomé apóstol. La impresión fue la misma de todos los años: cada vez hay más gente pero el lugar no cambia; es decir, no mejora.
Las incomodidades se advierten desde la llegada. Como a nadie se le ocurrió habilitar un estacionamiento, los policías de Tránsito tienen que hacer peripecias para evitar embotellamientos y no siempre lo logran. Para cruzar del camino asfaltado al templo, es necesario cruzar el río y, en los puntos más próximos, no existe un puente. Existe un sendero de tierra que, por eso mismo, ensucia a los visitantes y debajo de él cruza un entubado que denota fragilidad y el agua solo circula por allí.
En el santuario, los pisos son los mismos de hace años: algunos de tierra y otros corresponden al asfaltado ejecutado por anteriores autoridades. Es llamativo el hecho de que muchas de las obras ejecutadas en La Puerta, como el segundo templo, fueron ejecutadas por alcaldes de Potosí, como Gonzalo Calderón, y nunca nadie cuestionó jurisdicciones.
