El Festival del Dulce llena durante estos días las calles de la caribeña Barranquilla, en el norte de Colombia, donde cada Semana Santa centenares de personas venden a turistas y locales sus golosinas de frutas, granos o cereales con lo que reviven la tradición de los "rasguñaos".
En varios lugares de la ciudad los postres son vendidos por mujeres que tienen en esta actividad un medio de sustento y, de paso, continúan una tradición casi perdida que tenían las familias de intercambiar dulces caseros en los días de recogimiento espiritual de la Semana Santa.
"Para Semana Santa, las mujeres, especialmente las abuelas, tenían que dejar listos desde el miércoles en la noche todos los dulces porque Jueves y Viernes Santo solamente eran para ir a misa o a las procesiones", rememoró a EFE Alberto Escorcia, quien a sus 83 años narra los episodios de su infancia.
