Casi 50 años después de fijarlo en una partitura en un hotel de la Costa Brava, Joan Manuel Serrat se ha hecho de nuevo a su mar Mediterráneo en una ciudad sin puerto en pos de una travesía plácida pero emocionalmente intensa que ha recordado por qué sigue siendo el autor más universal de la música española.
El público madrileño, que ya disfrutó de tres conciertos a reventar el pasado verano como parte del ciclo Noches del Botánico, tampoco ha fallado a la cuarta cita de la gira "Mediterráneo da capo" (volver al principio, traducido del italiano), con 12.000 almas llenando esta vez el multitudinario WiZink Center de la ciudad para disfrutar de su álbum más emblemático.
Como en él, Serrat ha optado con la voz aún destemplada por levantar anclas con la gran estrella de la velada.
