Bisabuelo y padre de un niño de menos de dos años al mismo tiempo, el cantante británico parece haber pasado página del suicidio en 2014 de L'Wren Scott, su pareja durante trece años, uno de los episodios más oscuros de su vida. A pesar de las profundas arrugas que le surcan el rostro, ha logrado mantener la imagen de juventud perpetua que exhibe sobre los escenarios desde hace más de medio siglo, siempre vestido con pantalones ajustados y americana entallada. Jagger se contoneá al inicio de sus conciertos al ritmo de "Sympathy for the Devil", un tema que grabó en el verano de 1968, y rodeado de pantallas gigantes en las que arde un fuego luciferino. "Permítanme que me presente, soy un hombre acaudalado y de gustos refinados", recita al inicio de sus actuaciones, en las que recorre más de 10 kilómetros
