Como es de conocimiento general, el descubrimiento de América se produjo por casualidad al estar los europeos buscando nuevas rutas comerciales que los condujeran hacia la India, o concretamente hacia el continente asiático, este hecho ocurrió en 1492, entonces, es desde ese momento, que comienza un largo proceso de conquista, colonización y evangelización en los territorios descubiertos, que se prolonga por mucho tiempo.
Es así que en 1538, los conquistadores recién se asientan en Porco, distante aproximadamente a 50 km de Potosí. Y en 1545, se produce uno de los sucesos más importantes, la posesión del Cerro Rico, e inmediatamente se consolida la explotación de la plata, convirtiéndose para ese tiempo, en el yacimiento argentífero más rico del mundo. La ciudad creció vertiginosamente hasta constituirse en el primer tercio del siglo XVII en una de las más ricas y pobladas de este continente.
En el campo espiritual, la población que habitaba Potosí se caracterizó por una fuerte religiosidad, y se regía todo el año por un nutrido cronograma anual de festividades. Así lo confirman los templos y conventos que se construyeron del siglo XVI al XVIII y que, todavía, transcurridos varios siglos permanecen en la actualidad en el centro de la ciudad como fieles testigos de un tiempo lleno de grandeza y esplendor.
De otro lado, en Europa, del XVI al XVIII, en grandes sectores, se impusieron algunas ideas como las de realizar peregrinaciones a Tierra Santa. Sin embargo, estas ideas para los habitantes del continente americano, eran imposibles de concretar. En virtud a ello, en diferentes ciudades virreinales, se construyeron espacios con capillas donde la gente representaba escenas que rememoraban la Pasión de Cristo y esto permitía desde la distancia imaginarse encontrarse en Tierra Santa.
Ese fervor religioso característico de los pobladores de Potosí en el periodo mencionado, hicieron que se empeñaran con pasión en el conocimiento y práctica de ciertos temas bíblicos y en especial el templo de Jerusalén, modelo ideal de todo templo para la sociedad cristiana.
De acuerdo a varios investigadores de la historia universal, la construcción del templo de Jerusalén fue el suceso más importante del reinado de Salomón, personaje bíblico reconocido a través de los siglos.
En la Biblia, el Templo es mencionado en la mayoría de los escritos donde se menciona al rey Salomón, y como edificio religioso, se constituye hasta el presente en una fuente de inspiración y ejemplo para proyectos arquitectónicos religiosos.
Según la Biblia la construcción del Templo de Salomón se realizó en el siglo X a.c. para sustituir al Tabernáculo que preservaba el Arca, que luego fue llevada a Jerusalén por el rey David y depositada en el monte Moriá, sobre una plataforma de aproximadamente 40m x 100 m. A los lados de la entrada del templo sobresalían dos columnas, llamadas Jaquin y Boaz.
En América, en el periodo colonial, de acuerdo al Arq. José Mesa (+) y la Arq. Teresa Gisbert (+), reconocidos historiadores bolivianos, en su libro “Tradición Bíblica en el Arte Virreinal”, citan que se escribieron varios libros que evocan la reconstrucción del templo de Jerusalén, entre los más conocidos mencionan a Villalpando y Caramuel (1678). Asimismo, los historiadores manifiestan que a partir de la década de 1970 varios estudiosos del arte americano fueron redescubriendo algunos elementos en la construcción de algunas iglesias de Centro América que estaban relacionados al templo citado.
Algunos otros textos también citan al templo, por ejemplo, Ramos Gavilán, en 1621, en su libro sobre Copacabana, describe las columnas Jaquin y Boaz y también lo hace Calancha, en 1638.
Esa inquietud de materializar el Templo se intentó de efectivizar en América, particularmente en la zona andina con la construcción de varias iglesias.
Probablemente uno de los ejemplos más interesantes en la zona andina, que aún existe, y está relacionado con el Templo bíblico sea: el Santuario de Manquiri cerca de Potosí.
