En concepto de reconocidos estudiosos y escultores de todas las épocas, se reitera el hecho de que la escultura de la imagen de Nuestra Señora del Santísimo Rosario que se venera en el templo de Santo Domingo de Guzmán en Potosí, es una de las obras más preciosas que se conserva y venera en estas gélidas tierras de argento, sabiendo que la misma fue admirada y elogiada por autoridades representantes de la Corona de España y de otras naciones de América que, al visitar la Villa Imperial de Carlos V y encontrarse en interiores del templo de Santo Domingo, no hicieron otra cosa que fijar su mirada en esa magnífica escultura religiosa, contemplándola con mucha admiración y consecutivamente todos los días en que había oportunidad de venerarla estando muy cerca de ella.
Esta preciosa escultura trabajada en madera, fue lograda en Sevilla de España en la última mitad del siglo XVI, sin conocerse el nombre de quien la trabajó ni el taller donde fue esculpida, motivando a que la tradición diga que esta imagen escultural fue realizada por ángeles de la hermandad de Santo Domingo de Sevilla, como queriendo justificar la belleza de esta obra inspirada en la Madre de Jesús como reina del universo y dignidad de amor para la humanidad, cuando el mismo Papa Pío V, instituyó la fiesta de la Virgen del Rosario en fecha 7 de octubre, para conmemorar la victoria de la Batalla de Lepanto del año 1571.
Esta maravillosa obra de arte que representa a la Virgen María Nuestra Señora del Rosario, fue trasladada a la Villa Imperial de Potosí, por trámite de los frailes dominicos del siglo XVI, cuando su iglesia y convento ya habíanse terminado en su construcción en 1553, constituyéndose en una de las esculturas religiosas más extraordinarias de la Villa de Potosí.
Esta imagen escultural, siendo representación de la Madre de Jesús, sirvió de modelo al indio Francisco Tito Yupanqui, para concretar lo que había ansiado por mucho tiempo, el reproducir o hacer una réplica de la Virgen María junto a su Niño, a través de un trabajo artístico y de mucha paciencia, hasta obtener su famosa obra llamada en principio “Virgen de la Candelaria”, trabajo efectuado el año 1572 en esta ciudad colonial, para luego ser trasladado a la isla de Copacabana en el Lago Titicaca, siendo entronizada con el nombre de “Virgen de Copacabana”.
Escultura de la Virgen del Rosario
En lo que toca a la escultura de la Virgen del Rosario de Potosí, esta es realmente un milagro que, viendo únicamente el rostro de esta divina Señora de los cielos, el corazón de uno palpita de emoción y la mente se limpia de cualquier pensamiento inmundo.
Tanta es la vivacidad de aquel delicado y dulce rostro que muestra unos ojos hermosísimos llenos de piedad que con el efecto dicho, inflama el corazón de toda persona.
Tiene la imagen dos varas de estatura con un rostro de agradable proporción y en todo virginal; es una verdadera pasta de un color rosa pálido; a veces parece estar encendido como ascua de oro que brilla y resplandece muchísimo.
En otras ocasiones -juzgan algunas personas que contemplan a la Virgen- diciendo que cambia el color de su rostro por un pálido o blanco con ojos que se le encienden y arrasan, asó como cuando uno quiere llorar.
El brazo izquierdo con la mano delicada e incansable, lleva con mucho cariño al Niño Jesús; y la mano derecha sostiene un báculo pastoral junto a un rosario de cuentas y algunas sortijas ricas, una de las cuales -dice cierto historiador de la colonia-, milagrosamente cayó a los pies de un soldado realista que habiendo perdido todo su caudal en un juego de sortijas ensartadas en una vara, motivó a que uno de los anillos de la Virgen le diera al anónimo oficial, un regalo jamás imaginado en tiempo alguno; anillo de oro que teniendo un diamante de apreciable tamaño, era la joya más apetecida y avaluada en muchos pesos reales de plata que, al haber sido vendida a un rico azoguero de apellido Anzures, sirvió para cancelar la deuda que había contraído el soldado español, para tiempo después, éste convertirse en catequístico y fiel devoto de la Santísima Virgen del Rosario.
