El color intenso del ají que da identidad a la cocina chuquisaqueña y las redes que, desde hace generaciones, tejen los pescadores Weenhayek en el río Pilcomayo ya forman parte de un mismo patrimonio reconocido por el mundo. Bolivia incorporó al Atlas Internacional de Alimentos (Food Atlas) de la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) dos de sus expresiones alimentarias más representativas: la cultura del ají de Chuquisaca y la pesca tradicional del pueblo Weenhayek de Tarija.
Más que ingredientes o técnicas de producción, el reconocimiento rescata historias, conocimientos y formas de vida transmitidas de generación en generación. Es un homenaje a quienes han mantenido vivas estas prácticas y una oportunidad para proyectar al mundo la diversidad cultural y gastronómica del país.
